Como parte del curso de alfajores argentinos que estoy haciendo, tenemos que realizar una actividad por lección.
Aprovechando eso hago este post, ya que estoy muy vago como para pensar en otro tema en este momento (jueves, 9 am con el resto de la familia durmiendo). Debo actuar rápida y silenciosamente 😉
Bueno, la historia es más o menos esta: en la clase de historia del alfajor se habla del alajú -creo recordar que se escribe así- como precursor del alfajor latinoamericano. Semejante palabro quiere decir más o menos algo como «relleno».
Los alfajores antiguos, cuya receta había que preparar para esa clase, nos llevan forzosamente a la civilización islámica y en particular a Medina Sidonia (Cádiz), de donde procede la receta que os muestro hoy. Según De la vista al paladar, esta receta es de 1786 aunque se prepara el producto desde el siglo XIV.
Ingredientes
- 400 g de pan rallado
- 200 g de avellanas
- 300 g de almendras
- 10 g de canela
- 20 g de anis
- 1 g de clavo
- 1 g de cilantro
- 75 g de sésamo (éste olvidé ponerlo)
- 450 g de miel
- 120 g de azúcar
- 120 g de agua
Preparación
Hace mucho calor en casa y no quería encender el horno, así que cambié un poco el procedimiento respecto al original. Éste es el mío.
Trituré las almendras y las avellanas junto con las especias.
Las tosté en la sartén durante un ratito. Al principio sale un olor espantoso a dentista por la presencia de clavo, pero después comienza a sentirse el inconfundible aroma a frutos secos. ¡Hay que ir con cuidado para que no se quemen las especias!
Mientras tostaba los sólidos hice un almíbar con el agua y el azúcar: ¿Cómo? Se disuelve el azúcar y se lleva a ebullición. Luego se retira del fuego.
Una vez tostados los frutos secos, los aparté y puse a hervir la miel. Como la sartén ya estaba caliente no tardé casi nada. Agregué los frutos secos y el almíbar, removiendo constantemente. Yo necesité un poco más de miel para conseguir una textura menos terrosa, imagino que hay que ir viendo como reacciona la mezcla.
La pasta resultante fué a parar a la encimera, para que se enfriara un poco y me dejara moldearla con las manos.
Luego la corté y formé unos cilindros de más o menos 2 cm de diámetro y 5 cm de largo.
Originalmente hay que bañarlos en almíbar y pasarlos por azúcar glas, yo soy muy vago y me salté ese paso. Directamente al azúcar glas, la pasta era suficientemente húmeda como para poder hacerlo.
El resultado fué mucho mejor de lo que esperaba. Es como una barrita energética, pero rica, dulce con un toque especiado al que no estoy muy acostumbrado.










