Hay veces que esa sencillez tan maravillosa se puede encontrar en los lugares menos pensados. Hace unos días entré en un bar, de esos de barrio con el suelo sucio y gente gritando, como casi todos, y tratando de huir del hambre pedí un bocadillo con un nombre tan poco original como «campero».
Lo original era el sabor, relleno de mayonesa casi hasta límites pornográficos escondía la joya de la corona: unos pimientos en vinagre como los que alguna vez publiqué en este blog (probablemente en el 2006, mucho antes del cambio de imagen de 2009).
Esta es otra versión como sandwich, con pan de molde tostado. Creo que así es más fácil de hacer si no te puedes asegurar un suministro decente de pan de barra.
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