Comiendo fuera: Alfredo’s barbacoa

Hacía ya un tiempo que no escribía una reseña de la serie «comiendo fuera» así que aprovechando mi visita a Alfredo’s barbacoa en Madrid, voy a destilar un poco de odio en estas páginas.

hamburguesa-alfredos

No tengo fotos del sitio, estaba de celebración pre-cumpleaños y no tenía ganas de calentarme mucho la cabeza con el tema. La foto que aparece es simplemente para que esto no sea un pergamino imposible de leer.

Vamos entonces a mi experiencia.

Después de haber comido en El kiosko, digamos que lo de comer hamburguesas no me disgusta tanto. Así que decidimos ir con un amigo que vivió en Estados Unidos y otro compañero de trabajo más, a comer hamburguesas. Me habían hablado muy bien de NYBurger, pero también leí buenas críticas de Alfredo’s Barbacoa y como está ambientado en Texas… nos decidimos por este último, en la calle Juan Hurtado de Mendoza.

Llamo para reservar, sin éxito alguno. Nadie se pone al teléfono así que vamos a la aventura, es jueves así que suponemos que no habrá mucha gente. Llegamos y nos bajamos del coche para ir tomando una cerveza mientras el compi que conducía aparcaba en el estacionamiento que hay justo al lado.

Pedimos dos cervezas y bajo al comedor a ver si había alguna mesa disponible. Me atienden en un mostrador que tienen allí y el responsable de sala (por llamar de alguna manera al tío que te frena para que no vayas a la mesa que quieres) me pregunta si tenemos reserva.

– No, es mi respuesta.

Refunfuña

– ¿Cuántos son?

– 3, uno está en la barra y el otro aparcando

– ¿Cuándo va a venir?

– Cuando termine de aparcar, aquí al lado.

– Siempre pasa lo mismo, vienen se sientan y se quedan media hora esperando.

– Está aquí al lado, ya viene. (empiezo a incomodarme, no me gusta que me cuenten sus problemas)

– ¿Cuánto va a tardar?

– Lo que tarde en dejar el coche

– Si vienen los 3 ahora tengo una mesa.

Así que mientras sigue contandome la milonga de los 30 minutos, subo a buscar a mi amiguete.

Bajamos y otra vez:

– ¿Cuántos son?

– 3, el otro está aparcando.

– Es que siempre me dicen que ya viene y tarda media hora.

– ¿Cuál es tu problema?

– Aquí vamos por turnos y no se puede esperar a la gente, y  siempre pasa lo mismo…bla bla bla

– Vete a hacer tu turno, entonces. (mi amiguete que tiene menos paciencia que yo)

Mientras estabamos deshaciéndonos de este personaje llega nuestro tercer comensal y el impresentable desaparece. A partir de ahí nos atiende otra gente.

Pedimos aritos de cebolla, hamburguesa (tamaño normal), tarta de queso y brownie.

Aunque ya empezamos a cenar con el buen humor un poco dañado, creo que podré ser objetivo:

  1. Los platos son de plástico, en plan «Feliz cumpleaños».
  2. Los aritos de cebolla eran vomitivos. Si los hubiera hecho en casa a partir de aritos congelados probablemente me hubieran salido mejor.
  3. La hamburguesa, pequeña, pero también tengo que decir que muy rica. Al mismo nivel que las de El Kiosko en Barcelona.
  4. El cheese cake no lo probé pero al parecer estaba bueno, y el brownie de los mejor hechos en restaurante que he comido.

¿Volvería? No, por más buena que esté la hamburguesa no aportaré un euro más al sueldo de ese payaso.

No pongo la dirección porque tampoco quiero que a nadie le fastidien la cena. Si te quieres arriesgar… será bajo tu responsabilidad.

 

PS: después de darnos la charla por lo de la mesa, nos dimos cuenta que había dos o tres mesas libres más, así que el fulano este lo único que quería era fastidiar… porque no tenía necesidad de que nos fuésemos pronto.

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