Hace bastante que no escribo ninguna reseña de restaurantes, y eso que por suerte he ido a muchos y muy buenos, así que he decidido hacerlo hoy. Básicamente porque no tengo ninguna receta a mano para escribir y tengo un rato libre.
La Montecarlo abre en Roma en el año 1986, en una pequeña callejuela cercana a la Piazza Navona, y hasta hoy no ha parado de preparar sus pizzas auténticamente romanas. Finas, sabrosas y servidas en platos de acero inoxidable.
Estuve por allí dos veces, en las que probé la pizza de pepperoni y un plato de spaghetti al pesto -ya que también sirven pasta- y ninguno de los dos defraudó. Muchas guías de viaje señalan La Montecarlo como punto imprescindible para parar y recuperar fuerzas.
A la entrada podremos ver los premios recibidos, esos de chapa y con un dibujo de un viajero con mochila, y ya en su interior se puede apreciar que es un sitio de paso obligado; las paredes están empapeladas de fotos de personajes famosos que han pasado por allí.
¡Y lo mejor de todo es que el precio no es nada caro! Con lo que podría costar un menú del día en España comeremos como reyes y saldremos sin hambre para seguir paseando por la ciudad.


